CUENTACUENTOS 23-10-2006
Cuentacuentos 23-10-2006
Cuentacuentos con la frase:
“Aura es una mujer”
“Aura es una mujer, mi mujer”, con estas palabras salió de la oficina y como cada tarde se dirigió hacia el acantilado. A estas alturas del día se sentía cansado y agobiado, por el dolor de cabeza que le producía las siete horas que había estado sentado ante el ordenador. Necesitaba oxígeno y aire puro, “se decía así mismo mientras cruzaba la ciudad conduciendo hasta llegar al descampado”. Allí se apeó, y como cada tarde, caminó muy despacio hasta el desfiladero. Sus pulmones comenzaron a respirar aire descontaminado, mientras disfrutaba del paseo sintiendo en su piel la brisa húmeda del mar. También como cada tarde se sentó en la roca a contemplar el horizonte. Y a esperar a Aura. Era la ilusión de esa vida monótona y negra en la que vivía desde que ella dejó de estar a su lado.
unas gaviotas cruzaban el cielo. El mar de esa tarde andaba muy revuelto, embravecido, con olas enormes, que le llegaban a salpicar al chocar contra el rompiente. Tal vez, se dijo, que se aproximaba una tormenta, por las densas nubes que llegaban amenazadoras en la lejanía, pero en aquellos momentos, lo envolvía todo el intenso dorado del crepúsculo.
De repente, y como sin sentirlo, Aura estaba detrás de él. Se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro mientras se abrazaba a su brazo. Él le besó el pelo y sitió muy dentro el olor a jazmín que toda ella emanaba. Besó su frente, sus mejillas, sus labios…. Teniéndola así tan cerca, no alcanzaba a comprender el porqué de su partida.
Ocurrió sin esperarlo y sin tan siquiera un adiós. Una mañana, al despertar, Aura ya no estaba a su lado. Había dejado todas sus pertenencias: Su ropa, su bolso, su teléfono, sus libros, su bolsa de aseo… hasta su documentación. Y ahí comenzó su calvario. La esperó día tras día sin resignación. Se pasaba las noches en vela gritando su nombre, oliendo todas sus cosas, mirando las fotos y suplicando al cielo su regreso. Pero Aura no volvió. En ese momento comenzó a descender hacia el pozo profundo de su soledad.Viviendo como un alma en pena.
En la más profunda desesperación por no saber el porqué lo había abandonado, dejó incluso de comer y dormir, hasta que un día se encaminó al acantilado. Y allí estaba Aura, serena y relajada sentada en aquella roca mirando el mar. Fue como si jamás se hubieran separado y desde aquel día, se encontraban allí cada tarde. Jamás se dieron explicaciones, pero él era feliz así. Ahora Aura era suya, solamente suya.
Pronto anocheció y las crestas de las olas parecían grandes abanicos que los cubría. Él la apretó en un arrebato de pasión contra sí.
-¿Por qué me dejaste? ¡Tú eras mi mujer!
-No quise dejarte ¿Por qué fuiste mi verdugo?
(Aura, no te vayas por favor)
(No, esta vez no me iré sin ti amor
-susurró ella sujetándole fuertemente – Ven)
Y lo arrastró consigo en el que fue su último salto.
(Abajo, esperaba las frías aguas del mar)
Para más historias con la frase "Aura es una mujer" en:
http://cuentacuentos06.spaces.live.com/




